La basura afea, apesta y asquea. Por eso no conviene que nuestras áreas turísticas estén infestadas con ella. La antipatía que genera entre los visitantes extranjeros eventualmente nos crea una imagen de destino indeseable. Por suerte, hay iniciativas privadas que prometen conjurar un problema que hoy acogota y desborda a los municipios.
El problema es de larga data. Aunque el patrón de desarrollo prevaleciente es de «enclaves» que están libres de ese azote, sus entornos inmediatos se ven arropados por la basura que no se recoge ni se trata adecuadamente. La mayoría de los hoteles envía su basura, sin clasificar ni tratar, a lejanos vertederos. Pero por falta de educación cívica, la población circundante se encarga de esparcir la suya en el entorno.Sigue leyendo «Turismo y Residuos Solidos»
